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10 P. Domingo Caballé“No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor” (Salmo 117, 17).

Nació en Villalba de los Arcos (provincia de Tarragona y diócesis de Tortosa) en 1883. Vistió el hábito monástico en Montserrat el 7 de octubre de 1900. Emitió los votos simples el 9 de noviembre de 1901 y fue ordenado sacerdote el 12 de marzo de 1910.

Pasados trece años en su Abadía de origen, fue destinado al Monasterio que ésta había fundado en Manila (Filipinas), donde debió de permanecer otros trece años. Regresado a España, estuvo algunos años en El Miracle, Priorato dependiente de Montserrat, no lejos de Solsona, y en 1932 pasó a El Pueyo para ejercer el cargo de profesor de los teólogos, explicando Historia de la Iglesia y Teología Moral.

Era alto y de buena figura, más bien fuerte. De carácter jovial, siempre se le veía animado en el grupo de los padres cuando salían de paseo. Y si alguien se cruzaba con él, acostumbraba a dejar una ancha sonrisa. Celebraba la Eucaristía con gran dignidad y se dice de él que nunca faltaba al coro.

Debía de beber mucha agua, pues queda el recuerdo de quienes le vieron ir con frecuencia al aljibe, a llenar su botijo.

Gracias a su prolija labor literaria, han llegado hasta nosotros muchos escritos suyos, tanto en catalán, como en castellano. Entre ellos destaca una extensísima carta, dirigida a su hermano, refiriéndole su maravilloso viaje en barco hasta Manila. Se conservan, de su pluma, programas para clases teológicas: sermones en ambas lenguas, en los que siempre recurre a la Sagrada Escritura; poesías en catalán; consideraciones espirituales. E incluso algún trabajo socio-político.

Tanto en Manila, como después en El Pueyo, aunque en menor escala, ejerció la predicación y dio retiros espirituales. Así leemos en nueve folios una “Declaració d’un exercici devotissim”.

Los días 20, 21 y parte del 22 de julio de 1936, fuera de los actos conventuales, que pese a la delicada situación, congregaban a todos los monjes, el P. Domingo, marchaba, al igual que el grupito de los aspirantes y que algún otro monje, al bosque, como medida de precaución. Precisamente en el momento en el que se recibió la orden de desalojar el Monasterio, bajo amenaza de incendio, hubo que ir a darle aviso, uniéndose al momento a la Comunidad en el puesto asignado de la carretera.

La prisión la soportó muy bien, sin perder su excelente humor, dialogando a ratos con los otros monjes.

Murió ejecutado junto a sus hermanos y fue enterrado en la gran fosa abierta para ellos. Sus restos mortales, no identificados, se hallan en el mausoleo de El Pueyo.

 

SIGUIENTE: “HNO. ANGEL FUERTES BOIRA”

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