Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.

14 Hno. Vicente Burrel“Al amanecer le daré a comer del árbol de la vida” (Ap 2, 7).

El hno. Vicente nació en Juseu (provincia de Huesca y diócesis de Barbastro) el 28 de diciembre de 1896. Vistió el hábito monástico en El Pueyo en 1921, emitió los votos temporales en julio de 1922 y los perpetuos el 11 de julio de 1925.

El hno. Vicente había estudiado Magisterio, llegando a ejercer la enseñanza con niños. Tenía, por lo tanto, una cultura más que ordinaria, aunque le dominaban la bondad y una cierta timidez. Desde niño se mostró muy piadoso frecuentando la parroquia y recibiendo los Sacramentos. Pertenecía a una familia acomodada y muy cristiana.

En El Pueyo desempeñó, con bastante diligencia, el oficio de refitolero, encargado de la limpieza y aderezo del refectorio, cuando en él, entre monjes y colegiales llegaban a juntarse hasta más de setenta comensales. Igualmente trabajó como ayudante de cocina y como zapatero.

Al hablar del Hermano Lorenzo Santolaria, hemos mencionado también al hno. Vicente, pues ambos vivieron juntos la odisea de los primeros días de la guerra civil. No cabe duda que este buen hermano, humilde y piadoso, fue el monje que más sintió la soledad, el cansancio y quizá los malos tratos camino de la muerte, por ser religioso.

Debió abandonar Torres de Alcanadre y a la familia del hno. Lorenzo Santolaria el día 25 de julio, muy de mañana. Vestido de paisano, con pantalón negro, blusa y alpargatas negras, y con otra muda de repuesto. Cualquiera lo hubiera confundido con un pobre ambulante, a no ser por el rostro fino que tenía y su expresión bondadosa.

Al dejar la casa de los Santolaria se enfrentó a una angustiosa y tremenda soledad. A eso de las 9 de la mañana, llegaba a Berbegal, donde, reconocido como monje de El Pueyo, fue registrado, rompiéndole el salvoconducto que le habían hecho en Torres. Continuó viaje, y una hora después, se hallaba en Fornillos, pueblo situado cerca del Monasterio. La bondad de la gente lo llevó a casa del alcalde, conocido suyo, quien le dio de comer y lo ocultó en una habitación.

Vicente se encontraba triste y cansado. Salió pronto de Fornillos, con un paquete de comida que la habían preparado, en dirección hacia Fonz, donde tenía una hermana casada. Por el camino le atendieron en algunas “torres” (casas de campo), donde, sobre todo, pudo saciar su sed y donde le orientaron sobre la ruta que debía seguir. No hablaba apenas con nadie, pero vio la columna de humo que se elevaba desde El Pueyo y comentó: “Ya están incendiando la iglesia, pero la Virgen no la quemarán, pues no darán con ella”. Dos hombres lo acompañaron hasta Los Certales.

Para llegar a Fonz debía de cruzar el río Cinca, de por sí caudaloso. El 26, muy de mañana, un buen señor le indicó el lugar más propicio para vadear el río. El hermano le comentó que llevaba doce duros (justo lo que pudo entregarse a cada monje al salir del Monasterio), ante lo que su interlocutor le aconsejó: “No se le ocurra decir a nadie que lleva ese dinero”.

Poco después, pasó por dos casas de campo, primero por la torre “Tomás”, y a eso de las 7, por la de “Palacín”, donde un joven le abrió la puerta, le dio de beber y lo acompañó hasta la orilla del Cinca, aunque no se atrevió a cruzarlo pues bajaba crecido y se hallaba rendido.

Por fin, cuándo ya creyó hallar un lugar para cruzar el río, apareció un camión de milicianos con dirección a Barbastro, quienes al vaciarle el hatillo, adivinaron fácilmente su procedencia religiosa, y lo detuvieron de inmediato.

Llevado a Barbastro, un vecino del lugar lo vio pasar con los milicianos por el puente del Amparo. “Iba cabizbajo, silencioso y pobremente vestido”.

Los milicianos lo maltrataron sin compasión por ser religioso, y una vez subida la cuesta del Rollo, al ver la ropa que llevaba le dijeron:

“¿Lo ves? No puedes negar quien eres”.

“No lo niego: soy de El Pueyo, pero no me peguen”.

Y a empujones lo llevaron calle arriba, mientras le decían:

“Tira p’alante que te vamos a dar la comunión”.

Pasó cerca del Convento de las Capuchinas, y al llegar al promontorio de Santa Bárbara, le hicieron dar unos pasos y le dispararon. Serían las 10:30 de la mañana del día 26 de julio. El hermano Vicente, que contaba entonces 39 años, cayó exánime al instante.

Momentos después su cadáver fue trasladado al cementerio, y fue enterrado junto a las dos primeras víctimas de Barbastro, los jóvenes José Luis Alfós y José María Puente.

 

SIGUIENTE: “P. RAMIRO SANZ”

Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.